Cinco lunas contigo
Han pasado cinco meses desde aquel día que cambió mi vida. No lo sabía entonces, pero algo en mí se
iluminó al conocerte. Fue como si el universo hubiera decidido dejar caer una estrella justo en mi
camino. Una estrella que no quema, sino que abraza. Que no deslumbra, sino que guía. Y desde entonces,
todo ha sido diferente.
No ha sido fácil. Lo sé. Hemos vivido momentos de silencio, de incertidumbre, de dudas. Pero incluso en
los días más nublados, tu recuerdo ha sido mi refugio. Y aun cuando no estás cerca, tu esencia sigue
habitando en mí como si nunca se hubiera ido. Es como si mi pecho hubiera aprendido a latir al ritmo de
tu nombre.
Tú me cambiaste. Me hiciste ver la vida con otros ojos. Me enseñaste lo que significa amar de verdad:
sin condiciones, sin miedo, sin prisa. Me enseñaste que amar es estar, incluso cuando no se puede estar
físicamente. Que amar es confiar, esperar y respetar. Que amar es ver la belleza del alma y elegirla,
una y otra vez.
Desde que te conocí, aprendí a querer mejor. Me descubrí más fuerte de lo que creía, más sensible de lo
que mostraba, más valiente de lo que solía ser. Porque por ti, por nosotros, he aprendido a quedarme
incluso cuando la tormenta parece larga. Porque tú vales cada paso, cada espera, cada intento.
Y aunque hoy estemos separados por circunstancias, yo sigo celebrando este día como si lo compartiéramos
abrazados. Porque en algún lugar del tiempo, lo estamos. Porque lo que construimos no se borra. Porque
todo lo que sembramos sigue vivo.
Gracias por existir. Por cambiarme. Por ser esa chispa que hizo florecer mi mundo. Hoy, como hace cinco
meses, mi corazón sigue eligiéndote a ti. Y lo haría mil veces más.
Con todo lo que soy,
Tu enamorado eterno.