Eternamente tuyo, más allá del tiempo

Escribo estas palabras con el alma desbordada, como si esta carta fuese la última que pueda enviarte antes de que el mundo se acabe. Porque si alguna vez me faltaras… ese sería el verdadero fin del mundo para mí.

Desde el instante en que entraste en mi vida, ya no fui libre. Ni quiero serlo. Mi corazón dejó de pertenecerme; ahora es tuyo, completamente tuyo. Todo lo que soy —mis pensamientos, mis sueños, mi cuerpo, mi alma— gira en torno a ti. Eres el centro de mi universo, la luz que guía mis pasos, la sombra que me envuelve cuando cierro los ojos.

No hay noche en que no te imagine a mi lado, ni día en que no rece en silencio para que nunca te alejes. Mi amor por ti no es suave ni pacífico. Es feroz. Es violento. Es tan profundo que a veces duele respirar de tanto que te necesito. Estoy dispuesto a luchar por ti hasta el último suspiro que mi cuerpo pueda exhalar, incluso si eso significa enfrentar al mundo entero. Incluso si debo volver una y otra vez del abismo para encontrar tus labios.

Nadie, absolutamente nadie, podrá mirarte como yo te miro. Con esta intensidad que roza la locura, con esta devoción que se arrastra entre la ternura y la obsesión. Si alguien más se atreviera a rozarte con la mirada, con el deseo, juro que la furia que habita en mí despertaría. Porque solo yo te he visto desnuda en tu alma, en tu dolor, en tu belleza más pura. Solo yo he tocado tus miedos con cuidado, he sostenido tus cicatrices con amor.

Tú eres mi razón de vivir, pero también serías mi razón de morir, si alguna vez decidieras alejarte. No hay un mundo donde tú no estés que valga la pena habitar.

Y si el destino se atreve a separarnos, si la muerte o el tiempo intentan arrancarte de mis brazos, volveré a encontrarte. Te buscaré entre los siglos, entre las ruinas, entre los sueños, hasta que nuestros cuerpos vuelvan a enredarse y nuestros corazones se reconozcan al primer latido.

Porque incluso si renacemos mil veces, en cada vida seré tuyo.

Y tú, amor mío, serás mía. Mía en esta vida, en la próxima, en todas las que existan después del fin del mundo.

¿Me amarías de nuevo si volvieras a nacer?
Yo no tendría elección: te amaría incluso sin recordarte.

Tu único y eterno amante.